Vida de Hermann Rorschach.

 

1.0 Introducción de su autor: Dr. Henri Ellenberger

1.1 Circunstancias familiares. Los padres.  

1.2 Infancia y juventud (1884 - 1904)

1.3 Estudios médicos (1904 - 1909)

1.4 Práctica clínica en Münsterlingen (1909 - 1913)

1.5 Rusia (1913 - 1914)

1.6 Su carrera científica. Waldau (1914 -1915)

1.7 Investigación con las láminas. Herisau (1915-1922)

1. 8 La muerte (2 de abril de 1922)

1.9 Su Personalidad.

 

 

 

VIDA Y OBRA DE HERMANN RORSCHACH

(1884-1922)

Dr. Henri Ellenberger

La biografía de un genio supone algo más que una contribución a la história de la ciencia o del arte y asimismo más que una descripción de los triunfos o fracasos en la vida de un hombre, para obedecer a una llamada surgida de lo profundo de su ser intimo. Junto a la lucha para ganarse el sustento diario ha de enfrentarse constantemente con la misión por él elegida. Si no logra satisfacer y armonizar ambas necesidades necesidades vitales básicas, los conflictos de ello resultantes concluyen con frecuencia de un modo trágico. Desde tal punto de vista, pocos destinos hay tan conmovedores como el de Hermann RORSCHACH, cuya muerte, en exceso prematura, nos lo arrebató nueve meses después de la apari­ción de su primer libro: el Psicodiagnóstico, cuando daba precisamente comienzo a la continuidad de sus descubrimientos en una nueva direc­ción y cabía albergar grandes esperanzas en nuevos y extraordinarios rendimientos científicos. 

Las especiales circunstancias en las que hubo de surgir el Psicodiagnóstico dieron lugar a que resultase un libro sumamente difícil y que contiene una muy incompleta exposición de los fundamentos del test de las manchas de tinta de RORSCHACH. El procedimiento diagnóstico, que es esbozado a grandes rasgos en dicha obra, adoptó una trayectoria evolutiva independiente tras la muerte de su creador. En el curso de esta prolongada y necesaria evolución fue haciéndose cada vez más laxa la conexión entre el test y las ideas originales del autor del mismo. Hay muchos que en la actualidad ignoran que Rorschach no fue sólo el inventor de un test práctico, sino también un profundo pensador e investigador de la naturaleza humana. 

No tenemos posibilidad alguna de saber cómo habría continuado ela­borando su test si su vida se hubiese prolongado. Estamos, sin embargo, convencidos de que una consideración profunda de la significado ori­ginal del Psicodiagnóstico es capaz de promover el descubrimiento de nuevas posibilidades del test, que podrían rendir fruto en diversos sec­tores de la Psicología. Sin embargo, las concepciones originales de Rorschach no han sido jamás expuestas en su conjunto. Ello es lo que nos ha movido a la difícil tentativa de esclarecer su significado propia­mente dicho mediante una triple investigación dedicada a la vida, a la personalidad y a las ideas de Hermann Rorschach. 

 

1. Vida de Hermann Rorschach 

Hermann RORSCHACH nació en Zurich el 8 de noviembre de 1884. Su infancia y juventud transcurrieron en Schaffhausen. Estudió Medicina, cursando la mayor parte de la carrera en Zurich, y trabajó luego corno médico asistente en las clínicas de Múnsterlingen, Múnsingen y Waldau. El 2 de abril de 1922, nueve meses después que viese la luz el Psicodiag­nóstico, falleció a la edad de treinta y siete años, cuando ocupaba el puesto de jefe clínico en el nosocomio de Herisau. Estos escuetos datos, así como su estancia en Rusia, constituyen aquello que, en general, se sabe acerca de él. Mas no bastan para proporcionarnos una imagen aproximada de la fascinadora personalidad que nos describen sus ami­gos, y nuestro saber acerca de la misma no goza, lamentablemente, de aquel conocimiento profundo que seria de desear. Me limitaré, por tan­to, a ajustarme a datos ciertos e intentaré exponerlos en su auténtica significación para describir así la personalidad de este hombre de un modo más destacado.

 

1.1 Circunstancias familiares. Los padres 

Los Rorschach eran ciudadanos del cantón de Thurgau, en el nordes­te de Suiza. Su comuna de origen era la pequeña villa de Arbon, situada en la orilla meridional del lago Poden. 

Hermann RORSCHACH se dedicó en cierta ocasión a investigar el origen de su familia y logró averiguar que desde hacia siglos no había abandonado su comuna nativa. En su mayoría se compuso de artesanos y labradores, algunos fueron también concejales y alcaldes, mas, al pa­recer, ninguno destacó especialmente. Ulrich Rorschach, el padre de nuestro psiquiatra, nacido en Arbon, había sido el primero que rompió la tradición familiar en cuanto a la residencia prolongada durante siglos en dicha localidad. En 1884 abandonó Arbon y marchó a Zurich, donde permaneció durante dos años, para trasladarse en 1886 definitivamente a Schaffhausen. El 19 de septiembre de 1882 contrajo matrimonio con Philippine Wiedenkellcr, que procedía de una familia muy antigua de Arbon. Era pintor-decorador, mas no le satisfacía mucho su oficio y por ello se matriculé, siendo ya hombre maduro, en la Escuela de Artes y oficios, en la que cursé estudios. Poseía especial aptitud gráfica y hacía las delicias de sus hijos dibujándoles todo género de historietas. En 1886 fue nombrado profesor de Dibujo de la escuela de Schaffhausen. Ulrich Rorschach fue, al parecer un hombre honesto, bondadoso, sociable y de buen humor, y su esposa, Philippine Rorschach, una persona simpática y de buen corazón. 

 

1.2 Infancia y juventud (1884 - 1904) 

Durante la estancia de la familia Rorschach en Zurich vino Hermann al mundo en la cosa número 278 de la Haldenstrasse, sita en el arrabal de Wiedikon. Cuando sus padres se trasladaron a Schaffhausen no contaba  aún los dos años de edad. 

El cantón de Schaffbausen tiene aproximadamente 50.000 habitantes  de los cuales unos 20.000 viven en la ciudad de Schaffbauscn. Esta última es un nudo de comunicaciones internacionales y, aparte de ello, un Centro industrial, turístico y cultural. Pocas ciudades del Rhin pueden compararse, en cuanto a pintorescas, con Schaffhausen. El centro de la ciudad está dominado por varias colinas, una de las cuales está coronada por una gran fortaleza dispuesta en círculo, que data del siglo XV: el Munot, donde se celebran fiestas y bailes durante la temporada estival. La ciudad, que tiene siete siglos de antigüedad, abunda en magníficos monumentos y otras cosas dignas de ser contempladas que dan testi­monio de su pasado. Un espléndido convento antiguo alberga uno de los más bellos museos de Europa y la biblioteca de la ciudad contiene incalculables riquezas bibliográficas. Schaffhauscn es, asimismo, cono­cida por el desarrollo que ha alcanzado su industria metalúrgica y por la calidad de sus relojes y tejidos. Aquí vivió Rorschach desde la pri­mera infancia hasta bien avanzada su adolescencia, en una atmósfera caracterizada por un extraordinario nivel de vida intelectual, artística y cultural. 

La familia Rorschach vivió primeramente en el «Gruben» y más adelante en la antigua casa Tabor, en Geissberg, casa con un hermoso jardín del que siempre conservó Rorschach un maravilloso recuerdo. La familia se cambió más adelante a la Emmersberg y adquirió final­mente una casa que continúa aún en su posesión. Una larga y empinada escalera conduce desde el centro de la ciudad hasta Munot, terminando en una estrecha calleja: la Säntisstrasse. En el número 5 de ésta vivían los Rorschach. 

Herman tenía casi cinco años cuando nació su hermana Ana, el 10 de agosto de 1888 .Contaba siete años de edad cuando nació su hermano Paul, el 10 de diciembre de 1912. Su madre falleció el 11 de julio de 1897, cuando Hermann contaba doce años. Los das años siguientes parecen haber sido especialmente desgraciados. En el hogar, sin madre, se sucedieron diversas amas de llaves encargadas del cuidado de la casa y de los tres niños, hasta que el padre contrajo nuevo matrimonio con la joven hermanastra de su difunta esposa, Regina Wiedenkeller. De este segundo matrimonio nació el 7 de marzo de 1900 una niña, que fue bautizada con el nombre de Regina. La madrastra parece haber sido una mujer activa y enérgica, aunque, por motivos ignorados, tuvo lugar más adelante un alejamiento entre ella y el joven Hermann. Poco des­pués comenzó a padecer Ulrich Rorschach una enfermedad incurable, que le obligó, finalmente, a abandonar, el 7 de marzo de 1902, su tra­bajo. Falleció el 8 de junio de 1903, cuando Hermann tenía dieciocho años. 

Finalizados sus estudios en la escuela primaria, pasó Hermann a la escuela cantonal. A esta última, que era conocida por la actividad y com­petencia de su personal docente y por su elevado nivel pedagógico, asis­tió durante seis años, de 1898 a 1904. Por aquella época, la buena con­ducta escolar constituía algo que se consideraba tan natural y lógico que no se estimaba preciso mencionarlo especialmente y tan sólo se consignaba el mal comportamiento en los expedientes escolares. El director  Luthi, a cuyo cargo se encuentra actualmente la escuela cantonal y a quien visité para obtener información, no ha encontrado mención alguna a este respecto en relación con Hermann Rorschach, y de ello podemos deducir que se trataba de un muchacho que se comportaba correctamente. Sabemos además que obtuvo un sobresaliente éxito en los exámenes finales. 

A comienzos de 1904, once alumnos de la escuela cantonal de Sehaffhausen obtuvieron sus certificados de estudios. Oskar FARNER, que más tarde adquirió renombre como teólogo y profesor de la Universidad de Zurich, era el primero de la clase y Hermann Rorschach el cuarto, con una nota media de 5,0 (la nota máxima era 6). Más significativo que esta elevada calificación media es el hecho de que se desenvolviese igual­mente bien en todas las asignaturas.

Durante los dos últimos cursos escolares, los alumnos de la escuela cantonal pueden inscribirse en una de las asociaciones estudiantiles se­mioficiales y no obligatorias. El ingreso de un nuevo miembro se celebra generalmente con cualquier divertida tarea que éste ha de realizar - de -modo análogo a la costumbre existente en las college ftaternities americanas­ Al mismo tiempo, el estudiante recibe un cerevis, esto es, un apodo, con el que será designado en lo sucesivo por sus colegas. Hermann  RORSCHACH fue admitido en 1903 en la Scaphusia, cuyos miembros  portaban una elegante gorra con los colores blanco y azul de la asociación. El archivo de la Scaphusia contiene varios álbumes ilustra­dos por los estudiantes, en los que éstos representaban escenas de la vida de sociedad. En ellos hay varios dibujos excelentes firmados por RORSCHACH También aparece en muchas fotografías entre sus colegas un muchacho alto, bien parecido y de aspecto saludable. 

Resulta curioso el hecho de que Hermann RORSCHACH fuese cono­cido por sus camaradas de la Scapftusia con el apodo de "Klex"  (Klecks significa borrón) proba­blemente no fue debido a una mera casualidad el que sus condiscípulos denominasen KIex al futuro inventor del test de las manchas de tinta, ¿Es que el futuro psicólogo era quizá aficionado a la klecksografía, juego que por entonces era muy popular entre los niños y consistía en emborronar  un pliego de papel, doblarlo y obtener así formas diversas? ¿O es que el propio apodo le obligó a ocuparse e interesarse por borrones de tinta hasta dar con la prueba que lleva su nombre? Caso de que se hu­biese tratado de esto último tendríamos en ello un ejemplo de lo que STEKEL y ABRHAM han designado como «compromiso impuesto por el nombre». ¿O puede que Hermann recibiese su apodo en honor del pintor Klecksel, protagonista de una historieta de Wilhelm BUSCH, que era uno de sus autores favoritos? En el lenguaje corriente, klecksen equi­vale a manchar o embadurnar, y las pinturas malas se denominan Kleckserein o Kleckse.

 Sea corno fuere KIex Rorschach no se hallaba decidido aún, ni mucho  menos, acerca del camino a emprender al final de sus estudios en Schaffhausen. Parece ser que dudó mucho entre el Arte y las Ciencias Naturales. Ante este dilema, el joven escribi6 al famoso naturalista alemán  Ernst HAECKEL, que residía en Jena, para preguntarle qué estudios había de elegir. Como era de esperar, HAECKEL le aconsejó que estudiase Ciencias Naturales. Hemos de admitir que el joven Hermann buscó aquí inconscientemente una confirmación de su vocación secreta. Se decidió finalmente por la Medicina, y fue lo bastante inteligente como para no olvidar por completo el cultivo del arte, sino que lo convirtió en su pasatiempo favorito

 Al finalizar sus estudios en Schaffhausen y tras una estancia en Neuchactel, Hermann RORSCHACH partió a Zurich para estudiar Medicina en esta ciudad. Tenía a entonces diecinueve años.

 

1.3 Estudios médicos (1904 - 1909)

 En la Europa de aquellos días, Suiza se encontraba a la cabeza en lo que se refiere a la formación médica. La mayoría de los estudiantes acostumbraban estudiar algunos semestres en diversas universidades. entre ellas también las de Suiza occidental y del extranjero, para vol­ver a su universidad de origen a terminar la carrera. E] joven Hermann pasó una temporada en Neuchatel antes de comenzar sus estudios uni­versitarios, y luego, los cuatro primeros semestres (es decir, desde el semestre de invierno de 1904 hasta octubre de 1906) en Zurich. Estudió otros dos semestres en Berlín y en Berna, respectivamente. Los tres se­mestres finales, que exigían un duro e ininterrumpido trabajo para la consecución del doctorado, los cursó de nuevo en Zurich.

El Dr. Walter Von Wyss, que estableció intima amistad con RORSCHACH durante sus estudios en Berlín, me refería lo siguiente: «Era un amigo incondicionalmente digno de confianza y una persona suma­mente honesta y decente. Su vitalidad era extraordinaria y superó sus estudios médicos sin la menor dificultad. Era infatigable, aplicado, leía mucho, visitaba exposiciones de arte, mostraba gran interés por todos los problemas humanos y le gustaba mucho discutir acerca de ellos.

Durante los primeros tiempos de sus estudios acontecieron dos co­sas que, aunque a primera vista parecen insignificantes, fueron de gran importancia para el joven: un conocimiento y un sueño.

Durante su estancia en Neuchátel emprendió un viaje de vacaciones a Francia y conoció allí a un viejo ruso admirador de TOLSTOI. Esto constituyó un encuentro decisivo para el joven RORSCHACH el cual que­dó tan impresionado como si dE pronto se le hubiese descubierto un mundo nuevo, y a partir de entonces se apoderó de él un ardiente inte­rés por Rusia y por los rusos. Poco después estableció en Zurich rela­ciones con la colonia rusa en dicha ciudad, a la que pertenecían, entre otros, el famoso neurólogo Constantin MONACOW, diversos emigrantes y estudiantes rusos (aparte de los revolucionarios). Pronto comenzó a aprender ruso. Sus amistosas relaciones con los rusos llegaron a tal punto que en el año 1906, durante su semestre de estudios en Berlin, fue invitado a pasar unas breves vacaciones en Rusia, en el curso de las cuales quedó profundamente impresionado por la tierra y las gentes de aquel país

El otro acontecimiento, el sueño, ejerció asimismo muy intensa im­presión sobre él. Unos ocho años más tarde lo refería del siguiente modo en su tesis doctoral:

 «Durante el primer semestre de clínica presencié por primera vez una autopsia y estuve contemplándola con la atención que pone en ello un joven estudiante. La disección del cerebro no interesó especialmente y dio lugar a que me hiciese toda suerte de reflexiones acerca de la localización, división del alma y otras por el estilo. Era el cadáver de un apoplético; el cerebro fue seccionado en cortes transversales. A la noche siguiente tuve un sueño durante el que sentí cómo mi propio cerebro iba siendo seccionado de ese modo. Un corte tras otro iban separándose de la masa de los hemisferios e iban cayendo hacia ade­lante, exactamente igual que había sucedido durante la autopsia. Estas sensaciones corporales (no puedo designarías de un modo más preciso) fueron muy claras y la imagen que la memoria conserva de este sueno es aún hoy bastante viva, ya que posee todavía, si bien debilitado, aquel claro aspecto sensorial propio de las percepciones vividas.»

En este sueño está contenido nada menos que el germen de la con­cepción psicológica del Psicodiagnóstico y del test de Rorschach.

Desde que comenzó a estudiar Medicina, RORSCHACH habla alberga­do el propósito de ser psiquiatra. En caso de que hubiese tenido alguna duda al respecto, nada mejor para reforzar tal propósito que la elección de Zurich para realizar su último semestre de carrera. En Suiza, todo estudiante de Medicina tenía que aprobar al menos dos semestres de Psiquiatría clínica y teórica y era examinado en las pruebas de fin de carrera de ambas asignaturas. La Clínica Psiquiátrica Universitaria de Burgholzli, que ya bajo la dirección de Augusto FOREL se había conver­tido en una institución científica de fama universal, crecía año tras ano en consideración bajo el rectorado de su sucesor, Eugen BLEULER. Cuan­do el joven RORSCHACH llegó a Zurich tenía precisamente lugar en Burgholzlii una auténtica revolución psiquiátrica. Un oscuro neurólogo de Viena, Sigmund FREUD, había lanzado una serie de ideas nuevas, que durante diez años hablan sido ignoradas o rechazadas, pero que ahora encontraban por vez primera pleno reconocimiento en un recinto uni­versitario. Lo inconsciente, investigado ya con anterioridad por JANET, FLOURNOY y otros, si bien de un modo vacilante, pasaba ahora a primer plano del interés psiquiátrico. Ya no se trataba de una abstracción filo­sófica, sino de un venero de tempestuosa energía que se manifestaba tanto bajo la máscara del sueño, de los actos fallidos y del chiste, como bajo la forma de crisis de histeria, fenómenos obsesivos y estados de angustia. Tales manifestaciones podían comprenderse ahora mediante la toma de conciencia de las representaciones y conflictos ocultos, in­conscientes. C. G.. JUNG habla desarrollado un método para descubrir representaciones inconscientes: la prueba de asociación de palabras. Más también acababa de ser introducida una interesantísima novedad: BLEULER y JUNG aplicaban los conocimientos psicoanalíticos y la prueba de asociación de palabras en la investigación de las psicosis (y no sólo de las neurosis, como había hecho ya FREUD). Con ayuda de estos méto­dos, cuyas premisas teóricas se consideraban como inaceptables en aque­lla época de una psiquiatría materialista y de orientación exclusivamente organicista, se descifraban las aparentemente «absurdas», «incompren­sibles» e «insensatas» ideas de los pacientes psicóticos. Estudiantes y médicos de toda Europa afluían a Zurich para conocer tan revolucionarias innovaciones. Fácilmente podemos imaginar que tan general entusiasmo  se transmitía también a los estudiantes y que el joven RORSCHACH debió de ser uno de los oyentes más interesados. 

Esta etapa fue de duro trabajo para él, ya que logró la difícil proeza de terminar sus estudios médicos en el tiempo mínimo entonces fijado, que era de cinco años. El 25 de febrero de 1909 aprobó los exámenes finales y consiguió el título de médico. 

Por aquel tiempo se prometió con una colega rusa: Olga STEMPELIN. Después de los exámenes se tomó unas bien merecidas vacaciones de dos meses para visitar a la familia de su prometida en Kazan. Este era su segundo viaje a Rusia. Ya que conocía algo el país y dominaba el idioma, su estancia le fue de gran provecho. Rusia era entonces una nación dotada de un encanto extraordinario: paisajes de inconmensu­rable extensión, antiguas y pintorescas ciudades, una abigarrada mezcla de pueblos y religiones, poéticas costumbres populares, viejas tradicio­nes, gentes dotadas de genio creador y con sensibilidad para lo bello; en fin, el conjunto era fuente inagotable de admiración para el visitante. Y además Rusia iba modernizándose progresivamente bajo la influencia de extraordinarias personalidades. Sus establecimientos psiquiátricos no eran peores que los de otros países de Europa, pero el cuidado que recibían las enfermos mentales acogidos en el seno de familias era incluso  el mejor del mundo y había una serie de psiquíatras y de psicó­logos que adoptaban una actitud de apertura con respecto a las nuevas ideas. Bástenos recordar que la primera traducción de la Interpretación de los sueños, de FREUD, fue al ruso. 

Después del duro y agotador esfuerzo de su época de estudios, RORSCHACH disfrutó plenamente, con su siempre despierta sensibilidad, de las múltiples impresiones que emanaban de un mundo tan rico e ilimi­tado. Cada día captaba nuevas experiencias, nuevas imágenes y nuevos contactos humanos. Entre las múltiples amistades iniciadas por aquellos días se contaba un joven estudiante polaco, llamado Eugen MINKOWSKI, que más tarde se convirtió en un famoso fenomenólogo.

No cabe la menor duda de que RORSCHACH estaba fascinado por Rusia y aceptó gustoso la propuesta de su prometida de establecerse allí, de un modo permanente, en cuanto realizase su prueba de doctorado y recibiese durante unos años formación psiquiátrica.

 

1.4 Práctica clínica en Münsterlingen (1909 - 1913) 

Al joven médico no se le presentaban sino dos alternativas: o bien trabajar, con escaso sueldo, en una clínica psiquiátrica universitaria durante un tiempo indefinido, o bien, algo mejor remunerado, en una clínica cantonal, lo cual, en cambio, no le ofrecía ninguna posibilidad de carrera docente universitaria. Ya que ni él ni su prometida disponían de muchos medios económicos, se decidió por la segunda alternativa, con miras a su ulterior trabajo en Rusia. Solicitó un puesto que había de quedar vacante el 1 de agosto de 1909 en la clínica cantonal de Müsterlingen, en Thurgau. Allí tenía la posibilidad de trabar cono­cimiento con la psiquiatría clínica práctica y de trabajar en su tesis doctoral. 

En la clínica de Münsterlingen, magníficamente situada a orillas del lago Boden, había unos 400 pacientes, alojados en parte en antiguos edificios conventuales y en parte en edificios modernos. El cuerpo mé­dico constaba del jefe médico, el Dr. BRAUCHLI, y de dos médicos asis­tentes. No había secretarias ni enfermeras, y las obligaciones de los jóvenes médicos eran múltiples, comprendiendo desde las consultas y vi­sitas matutinas en las diversas secciones hasta la organización de dis­tracciones para los pacientes. Tras el cumplimiento de sus diversas tareas les quedaba a los médicos asistentes algo de tiempo para dedicarse  a remar, nadar y otros entretenimientos. Los cuatro años que pasó RORSCHACH en Münsterlingen parecen haber constituido un capítulo particularmente feliz de su vida. El 21 de abril de 1910 se casó civil­mente en Zurich con Olga STEMPELIN y poco después se celebró el matrimonio eclesiástico en la iglesia rusa ortodoxa de Ginebra, con arreglo al magnifico y antiguo rito bizantino. La joven pareja pasó a residir en una vivienda que constaba de dos habitaciones, situada en uno de los antiguos edificios del establecimiento. Desde allí disfrutaban de una ma­ravillosa vista sobre el lago Boden. Paul, el hermano de Hermann, acudía frecuentemente de Schaffhausen a visitarles, y Hermann, a su vez, hacía frecuentes excursiones a Arbon, la patria de sus padres y an­tepasados, ya que distaba tan sólo unos 25 kilómetros hacia el Este, en la orilla del lago. Entre los pacientes gozó en seguida de grandes sim­patías, debidas en parte a su actividad en la organización de fiestas, representaciones teatrales y otras diversiones. 

Acerca de su actividad psiquiátrica, el Dr. Roland KUHN, actual jefe médico de Münsterlingen, me escribe lo siguiente: «Existen efectivamen­te muchas historias clínicas en nuestro archivo que han sido realizadas por Rorschach. Fotografiaba también a los pacientes, y en las historias clínicas hay todavía muchas fotografías, ya amarillentas.. Sus observa­ciones, escritas con una bella caligrafía, son excelentes y destacan con mucho del promedio de las otras historias clínicas. Recuerdo, por ejemplo  una suya en la que se ocupa del problema relativo a cómo una ilus­tración procedente de un diario da lugar al desencadenamiento de alucinaciones, en lo cual está contenida ya la problemática propia de la prueba de interpretación de formas.» El Dr. KUHN agrega que no le cabe duda de que un detenido estudio de dichas historias clínicas habrá de contribuir a una mejor comprensión de ciertos pasajes oscuros del Psicodiagnóstico. 

RORSCHACH había iniciado su trabajo en Münsterlingen animado por un firme propósito de realizar seriamente una tarea de investigación. Su labor más urgente era su tesis. El Prof. Eugen BLEULER estaba de acuerdo con el tema elegido: «Sobre las alucinaciones reflejas y otras manifestaciones análogas.» Para un candidato suizo al doctorado cons­tituía una demostración de independencia íntima proponer por sí mis­mo un tema; la mayoría de los estudiantes no sólo trabajaban bajo la dirección de sus profesores, sino que éstos eran también los que les señalaban el tema de sus tesis. RORSCHACH fue realizando su trabajo, pausada y cuidadosamente, durante más de tres años. El 12 de noviem­bre de 1912 recibió en la Universidad de Zurich el título de doctor en Medicina. 

El impulso para su tesis se lo proporcionó sin duda el ya mencionado sueño; tras haber asistido a una autopsia sintió durante el sueño cómo su cerebro era diseccionado en cortes transversales. Surgieron entonces en el las preguntas siguientes: ¿cómo es posible experimentar sensaciones delirantes de esta índole, que son fisiológicamente imposibles? ¿Cómo las sensaciones de una clase determinada se transforman en otras de tipo distinto? RORSCHACH examina una por una aquellas alucinaciones que surgen de un modo reflejo ante ciertas percepciones y luego, en ge­neral, la transposición de percepciones entre las diversas esferas senso­riales, es decir, las ópticas en cinestésicas, las cinestésicas en ópticas, las acústicas en cinestésicas, las cinestésicas en acústicas, las ópticas en acústicas y las acústicas en ópticas. La tesis de RORSCHACH no es de lectura fácil. Al parecer, no concedió demasiada importancia al estilo, ante la necesidad de compendiar un abundante material en 54 páginas. Por otra parte, el trabajo se ajusta al lenguaje propio de las teorías psicológicas asociacionistas mantenidas por BLEULER, mas RORSCHACH no halló en tal terminología las expresiones adecuadas a sus propias ideas. 

Un examen detenido de la tesis muestra cuán hábilmente supo aunar las observaciones clínicas sobre los pacientes de Münsterlingen. su conocimiento acerca de la literatura que trata de las alucinaciones y sus propias ideas personales. Llama la atención la nota personal en un trabajo sobre tema tan especializado; incluye no sólo su sueño ini­cial, sino una cantidad de autoobservaciones  - cómo de niño pudo «tra­ducir» en una melodía un dolor de muelas y cómo consiguió recordar ciertos cuadros célebres mediante determinados movimientos -. Habla también de su mala memoria musical y se califica a sí mismo de tipo cinestésico, es decir, como persona en la que predominan las imágenes de aquella índole. Hacia finales de 1912, y casi simultáneamente a su tesis doctoral, publica en la Zentralblatt für Psychoanalyse su trabajo «Alucinaciones reflejas y simbolismo» (P. 5). Se trata de una síntesis de las conclusiones de su tesis y de los últimos avances del psicoanálisis y representa un paso más en la dirección de su Psicodiagnóstico. 

Ya que la lenta y progresiva elaboración de la tesis no le ocupaba todo su tiempo, emprendió investigaciones en otros sectores distintos. Uno de sus pacientes de Münsterlingen (que había ingresado en diversas ocasiones con brotes hebefrénicos) murió, y la autopsia demostró la presencia de un tumor epifisario. El cerebro fue remitido al Instituto de C. y. MONAKOW, el célebre neurólogo ruso. En Zurich y bajo su dirección  realizó RORSCHACH un examen del mismo al microscopio. Llegó a la conclusión de que no existía relación entre la hebefrenia y el tumor cerebral y publicó el caso en una revista médica (P. 7). Se trataba de un trabajo concienzudo, pero árido. RORSCHACH, al parecer, reconoció muy pronto que la patología cerebral no era su fuerte. 

Resulta notable que por aquel tiempo, y sin ser consciente de ello, encontrase ya el comienzo de un camino hacia sus ulteriores descubri­mientos. Uno de sus condiscípulos de la escuela cantonal de Schaffhatt­sen, Konrad GEHRING, era maestro en Altnau, una pequeña ciudad del cantón de Thnrgau no muy alejada de Münsterlingen, y ambos amigos acostumbraban a visitarse. GEHRING iba con frecuencia a Münsterlingen, donde realizaba sesiones de «pantalla mágica» para los pacientes o for­maba con sus alumnos coros que interpretaban canciones populares. RORSCHACH le mostró los trabajos artísticos de sus pacientes y la aplicación práctica del experimento de asociación de palabras de JUNG. Había desarrollado un método de exploración de los enfermos por medio de manchas de tinta, cuyos resultados comparaba con los del experi­mento de asociación de palabras. GEHRING le propuso explorar a sus alumnos mediante el mismo procedimiento. Mas será preferible que in­cluya aquí un fragmento de una carta de GEHRING en la que éste con­testa a varias preguntas acerca de tales experimentos: “Entonces entregué a cada uno de mis alumnos de enseñanza secundaria una hoja que hablan de doblar tras haberla emborronado. Cada alumno embo­rronó la suya, consignando en ella su nombre junto con cuanto se le ocurría acerca de las manchas de tinta, sin controlar el tiempo de reac­ción. Después les entregué una segunda hoja, con otros borrones y las ocurrencias correspondientes, pero consignando esta vez el tiempo de reacción. Entregué las hojas a RORSCHACH y discutimos los resultados. Luego realicé otro experimento. Mostré a cada alumno, por separado una hoja con manchas de tinta realizada por RORSCHACH y anoté las contestaciones que me iban dando. Hice más tarde otra prueba con borrones de color rojo, continuando de este modo la técnica. Mi amigo RORSCHACH estudió los resultados obtenidos. Realizaba en sus pacien­tes, así como en otros adultos, tests verbales y usuales con las manchas de tinta, comparando los resultados obtenidos” La finalidad principal­mente perseguida por él con tales experimentos era la de comprobar si los alumnos más aventajados poseían más fantasía que los menos in­teligentes. Lamentablemente, las numerosas hojas emborronadas que realizó por aquella época han desaparecido. 

Estos experimentos con manchas de tinta, realizados en el año 1911, corno me comunica Konrad GEHRIN, fueron abandonados por RORSCHACH al irse ocupando éste cada vez más del psicoanálisis. Entre 1909 y 1913 existía en Zurich un grupo psicoanalítico al que pertenecian el Prof. Eugen BLEULER, C. O. JUNG, Alphons MAEDER, Ludwig BINSWANGER, Oskar PFISTER y otros. Es sumamente probable que RORSCHACH se adhiriese a este grupo y comenzase así a dedicarse progresivamente a las concepciones de FREUD e incluso a analizar a algunos pacientes de Münsterlingen. 

La Zentralblatt für Psychoanalyse (una de las primeras revistas psi­coanalíticas) publicó entre 1912 y 1914 numerosas referatas, notas y críticas realizadas por RORSCHACH. En su trabajo acerca de un caso de «Sublimación fallida»  se refería a cómo los contenidos psíqui­cos reprimidos se habían abierto camino hacia la conciencia del pacien­te. En «Reloj y tiempo»  expresaba la sospecha de que el interés de ciertos neuróticos por los relojes estuviese originado por su nostalgia inconsciente del seno materno, simbolizando el tictac del reloj los latidos dos cardíacos. «Robo de caballos realizado en estado crepuscular»  informa acerca de un epiléptico que robé un caballo y dos carros. En este absurdo delito vio RORSCHACH un sentido inconsciente o, mejor dicho, la condensación de diversas motivaciones inconscientes, tal como las que se realizan normalmente en sueños. Para ello utilizó como méto­do auxiliar el experimento asociativo de JUNG. El breve estudio «Sobre la elección de amigos por el neurótico» alude a que tal elección (así corno la amorosa) se halla determinada por las imágenes de los padres. Su trabajo titulado «Observaciones analíticas acerca de la pin­tura de un esquizofrénico» es una breve pero interesante inter­pretación de la obra de un psicótico que copió un cuadro representando la Ultima Cena de Cristo y sus apóstoles, con excepción de Judas, con largas cabelleras femeninas. Otro estudio, más amplio, sobre un dibujo esquizofrénico contiene un sutil análisis de sus diversos significados posibles. 

A comienzos de 1913, RORSCHACH contaba veintiocho años, habla conseguido su doctorado, realizado cuatro años de práctica clínica y escribió  algunos excelentes trabajos. Iba siendo cada vez más conocido en el ambiente psiquiátrico y, sobre todo, en el círculo psicoanalítico. Ha­bí llegado el momento de realizar sus planes de establecerse en Rusia. Ello era naturalmente más difícil que viajar a dicho país, según hizo anteriormente, como visitante, y necesitaba cumplir determinados requi­sitos antes de poder ejercer allí profesionalmente En abril de 1913 renunció a su puesto en la clínica de Münsterlingen y entró poco después en la de Münsingen junto a Berna, donde trabajó provisionalmente como asistente hasta finales de noviembre. A principios de diciembre de 1913 abandonó su patria y se dirigió a Rusia, donde parecía esperarle una brillante carrera.

  

1.5 Rusia (1913 - 1914) 

Se afirma en ocasiones que Rorschach pcrmaneció bastante tiem­po en Rusia y trabajó durante muchos años allí como psiquiatra. Esto es exagerado sin duda alguna, ya que dejó su puesto en Münsingen a principios de diciembre de 1913 y comenzó a prestar sus servicios en Waldau en julio de 1914, por lo que no pudo haber permanecido en Rusia más de siete meses, y hay que pensar también que, durante este tiempo, realizó un viaje por el Volga y otro al norte de Rusia, donde vivían unos parientes de su esposa. No tuvo necesidad de conseguir una licencia rusa de ejercicio profesional, ya que había encontrado un puesto bien remunerado en el sanatorio de Krukovo, clínica muy distinguida situada en las proximidades de Moscú, en  la que ingresaban pacientes neuróticos pertenecientes a los círculos más elevados de la sociedad rusa. 

RORSCHACH ocupaba allí un puesto que le absorbía mucho tiempo, pero era interesante, y le permitía vivir con su mujer fuera del sanatorio tono. Más tarde, sin embargo, abandonó esta excelente colocación y vol­vió a Suiza. ¿Qué habla ocurrido? Se afirma que le asaltó la nostalgia de las azules aguas del lago Boden. Otros dicen que amaba demasiado a Rusia y temía por ello olvidar su auténtica patria y entregarse por completo a la nueva. La Sra. RORSCHACH me ha referido que no estaba muy satisfecho con su nueva ocupación, ya que no le ofrecía ocasión de dedicarse a las investigaciones, a las que consideraba como su vo­cación auténtica. 

Sea cual fuere el motivo profundo de ello, Rorschach comprendió que le convenía retornar a Suiza y diferir algunos años su emigración definitiva. Así, pues, partió de Rusia. Entre tanto había perdido su colocación en Münsterlingen, pero pronto halló una plaza de médico asis­tente, escasamente remunerada, en la clínica de Waldau, cerca de Berna, de la que tomó posesión en 1914. Poco después estallaba la primera guerra mundial y se encontró separado de su mujer por las naciones beligerantes, ya que ella habla permanecido en Rusia. 

 

1.6 Su carrera científica. Waldau (1914 -1915) 

Hermann RORSCHACH trabajó en Waldau desde julio de 1914 hasta mediados de octubre de 1915. Este nuevo puesto estaba peor remunerado  y era probablemente menos interesante que el de Münsterlingen; pero le proporcionó la gran ventaja de facilitarle el comienzo de su ca­rrera científica. En la Suiza alemana existían tan sólo tres clínicas de enfermedades del sistema nervioso, que eran al mismo tiempo clínicas psiquiátricas universitarias: la de Friedmtatt en Basilea, la de Waldau en Berna y la de Burgholzli en Zurich. Por aquel tiempo era popular entre los médicos asistentes el siguiente dicho: «Si quieres comer bien ve a Friedmatt; si quieres dormir bien, a Waldau, y si quieres aprender algo, a Burgholzli.» Mas era extremadamente difícil encontrar una plaza en el mundialmente conocido Burgholzli, y así, RORSCHACH hubo de aceptar un puesto en Waldau. Había allí dos psiquíatras de más alta je­rarquía por antigüedad que RORSCHACH: W. MORGENTHALER y E. FANK­HAUSER. E! primero era hombre práctico y enérgico, que elaboró más adelante un plan de formación para el personal auxiliar de las clínicas neuropsiquiatricas suizas y escribió un notable tratado sobre el trata­miento de los enfermos mentales. Fundó además un interesante museo de Historia de la Psiquiatría, que existe aún en Waldau. Por aquella época se interesaba mucho por la producción artística de los psicóticos y RORSCHACH le ayudaba a recoger material para dichos estudios. Mu­chos años más tarde demostró ser un fiel amigo de  RORSCHACH al ayu­darle a publicar el Psicodiagnóstico, contribuyendo activamente a la divulgación de su obra. FÁNKHAUSER, en cambio, era más bien un erudito y pensador rico en ideas originales. Se ocupaba por entonces de investigaciones de anatomía cerebral y de una teoría de la afectivi­dad que, en mi opinión, ejerció más tarde intensa influencia sobre las concepciones de RORSCHACH. 

Durante su estancia en Múnsingen en el año 1913, llegó a conoci­miento de Rorschach algo acerca de ciertas curiosas sectas y sobre el fundador de una de ellas, un tal Binggeli, que había estado internado en Münsingen entre 1896 y 1901. Despertó ello en él tal interés que visitó al anciano Binggeli en su pueblo. A su vuelta de Rusia se había reavivado de nuevo su interés y dedicó gran parte de su tiempo libre al estu­dio de dicha secta y de otras distintas. Pudo comprobar con asombro que en su propia patria y no lejos de su lugar de residencia existían sectas religiosas no menos extrañas que las rusas, sobre las que tanto se escribía. El Dr. Karl HAEBERLIN, que era profesor de Filosofía de la Universidad de Berna en 1915, me refería cómo le visitó entonces el joven psiquiatra y le comunicó entusiasmado el resultado de sus investigaciones. Estaba firmemente convencido de que dicho estudio acerca de las sectas suizas habría de constituir la obra cumbre de su vida. Viajó al lejano Schwarzenburg para visitar a dichas gentes y estudiar sus usos, estableció sus árboles genealógicos y coleccionó numerosos datos en los archivos y bibliotecas de Berna. 

Johannes Binggeli había fundado en las cercanías de Schwarzenburg una «Hermandad del Bosque», que constaba de gran número de adheridos y de un pequeño círculo de iniciados. A estos últimos les predicaba que su pene era sagrado y hacía que lo adorasen; su orina era designada como «rocio celestial» y «bálsamo celestial» y era empleada como medicina  o administrada en la comunión. Las relaciones sexuales con él eran consideradas como un medio de exorcizar jóvenes endemoniadas. Bing­geli fue finalmente encarcelado por incesto con su hija. RORSCHACH pudo comprobar que la secta de Binggeli procedía de otra más antigua: la de Anton Unternahrer, el cual había predicado igualmente, hacia fina­les del siglo XVIII, la santidad del incesto. Un antepasado de Binggeli había sido jefe de una comunidad de discípulos de Unternáhrer en las proximidades de Schwarzenburg. El propio Unternáhrer había tenido a su vez precursores: los schmidlianos. RORSCHACH encontró que tam­bién en siglos anteriores y junto a las sectas «normales» tales como la de los anabaptistas, los valdenses y los cátaros existieron sectas seme­jantes a las de Binggeli y Unternahrer, todas en la misma región. Se disponía de documentos pertenecientes al siglo XII, pero dicha zona ­había sido siglos antes un bastión de la herejía arriana. 

Sus investigaciones le permitieron trazar un cuadro general de las sectas religiosas suizas - una grandiosa síntesis de psicología religiosa, sociología, psicopatología y psicoanálisis -. Demostró que las sectas sur­gían siempre en las mismas regiones, que venían a coincidir con las fronteras raciales y con poblaciones cuyo entusiasmo religioso contrastaba patentemente con su falta de interés por la política. Demostró ade­más, en un mapa de Suiza, que la localización de las sectas coincidía exactamente con los puntos en que residían tejedores. Entre estos gru­pos de población existían «núcleos sectarios - es decir, grupos familia­res que durante siglos. de generación en generación, habían represen­tado el elemento esencial de las sectas: los discípulos -. Así, por ejemplo, en el caso Binggeli encontró Rorschach que, en el curso de cuatro siglos, diez de sus antepasados habían desempeñado un papel en la vida de dichas sectas. Entre los discípulos distinguió dos grupos: los activos, que en su mayoría eran alcohólicos o neuróticos que compensaban sus sentimientos de inferioridad mediante una actividad misional, y los pa­sivos, en los que una erupción de libido reprimida había dado lugar a una súbita conversión o a una transferencia sobre uno de los jefes de la secta. Asimismo, a estos últimos los clasificaba en dos tipos: los pasi­vos, que habían sido elegidos por la comunidad y que no ejercían gran influencia personal, y los activos, que se proclamaban profetas; o bien eran neuróticos, como Binggeli (al que RORSCHACH diagnosticó como personalidad histérica) o esquizofrénicos personalidad histérica), o esquizofrénicos, como Unternlihrer. En opinión de RORSCHACH, el profeta esquizofrénico ejerce una influencia mucho más intensa; su doctrina no sólo contiene la «mitología inferior» del profeta neurótico, que procede de sus complejos personales, sino también la «mitología más elevada», que procede de los arquetipos do los estratos profundos, de lo inconsciente y que resulta adecuada para impresionar intensamente a los discípulos. Es lamentable que la gran obra de  RORSCHACH acerca de las sectas religiosas de Suiza hubiese de permanecer inconclusa, pero al menos conservamos dos fragmentos muy interesantes: los informes acerca de la vida y las doctrinas de Binggeli y de Unternahrer, desde el punto de vista del psicoanálisis 

Considerando el hecho de que se trataba de una ocupación para los ratos de ocio, RORSCHACH realizó su investigación acerca de las sectas en un lapso sorprendentemente breve: poco más de un año. La canti­dad de material reunido era, sin embargo, de tal magnitud que fue pre­ciso largo tiempo para elaborarlo. En el intervalo había regresado su esposa de Rusia y el escaso sueldo que RORSCHACH recibía en Waldau no resultaba suficiente. Estaba por entonces vacante la plaza de jefe clínico en Herisau y la solicitud de RORSCHACH fue aceptada. Abandonó Waldau el 20 de octubre de 1915 y ocupó su nuevo puesto el 1 de noviembre  

 

1.7 Investigación con las láminas. Herisau (1915-1922)

El establecimiento psiquiátrico de Krombach era la clínica cantonal del cantón de Appenzell, en Suiza oriental, no lejos de la frontera aus­triaca. Construida pocos anos antes, se consideraba como una de las más modernas de Suiza. Era una de las pocas clínicas instaladas con arreglo al llamado «sistema de pabellones». En lugar de un gran edificio  único, consistía aproximadamente en una docena de casas dispues­tas circularmente sobre la cumbre de una colina situada junto a la pequeña ciudad de Herisau. En el sótano del edificio principal estaban las oficinas, el médico jefe, el Dr.. KOLLER, vivía en el primer piso, y el jefe clínico en el segundo. Los deberes de éste eran de índole muy va­riada. No existían sino dos psiquíatras para atender a los 300 pacientes del establecimiento (el médico jefe y el jefe clínico), sin médicos asis­tentes, enfermeras ni secretarias. Fácil es imaginar el sobrecargado tra­bajo que desempeñaban ambos médicos. A pesar de ello, RORSCHACH introdujo una innovación: en los años 1916 y 1917 organizó un curso dedicado al personal auxiliar (cursos de esta índole eran por entonces desconocidos en las clínicas suizas). Dos años más tarde se creó una plaza de médico asistente. De los tres asistentes que se sucedieron en­tre los años l9l9 y 1920. dos de ellos fueron discípulos de Rorschach: Georg  ROEMER y Hans BEHN-ESCHENBURG

El cantón de Appenzell se distinguía en muchos aspectos de las demás regiones en las que RORSCHACH habla trabajado hasta entonces. En Thurgau, cantón de sus padres, se encontraba exactamente como en —su casa. En Miinsingen y Waldau habla aprendido a conocer a los berne­ses y a apreciar su seriedad y su tranquilo modo de ser. En cambio, no pudo, al parecer, aceptar jamás ciertos rasgos de la mentalidad propia de Appenzell, por ejemplo, su afición a los chistes malintencionados. La gran diferencia existente entre la mentalidad de Berna y la de Appen­zelí, así como entre los cuadros clínicos psiquiátricos respectivos, le interesaba sobre manera, y a ello se refirió brevemente en su ­Psicodiagnóstico 

Aun cuando el sueldo de un jefe clínico era considerado como relativamente elevado, los gastos de la familia aumentaron a causa del nacimiento de dos hijos: una niña llamada Elisabeth, nacida el 8 de junio de 1917, y un niño, Wadim,, que vino al mundo el 1 de mayo de 1919. Desde el punto de vista de las circunstancias suizas, Herisau se hallaba muy alejado de los grandes centros intelectuales del país, como, por ejemplo, Zurich, y era un lugar poco atractivo. Más, desde un principio, intentó sacar el máximo provecho posible de su estancia allí y redactar algunos trabajos científicos. 

En primer término publicó un caso interesante en extremo que había investigado en Waldau y que guardaba cierta semejanza con el de Munsterlingen relativo a un robo de caballos durante un estado crepuscular. Intentaba por entonces suprimir la amnesia del paciente mediante el método asociativo de JUNG y habla lamentado la imposibilidad de emplear la hipnosis y el psicoanálisis En esta ocasión usó ­simultáneamente el método de asociación libre, la prueba de asociación de palabras y la hipnosis, comparando los resultados respectivamente obtenidos. El paciente era un soldado suizo que había ingresado en pri­sión por desertar: no se habla vuelto a incorporar a su unidad después de un permiso. En el momento de ser detenido estaba confuso, aunque recordaba fragmentariamente haber tenido un accidente de bicicleta dos días antes, no pudiendo acordarse de nada de cuanto después había su­cedido. Los tres métodos de exploración dieron resultados notablemente distintos. Las asociaciones libres provocaron rápidamente en el paciente vivos ensueños diurnos, muy semejantes a estados crepusculares y que contenían muchos elementos del primitivo estado correspondiente. La prueba de asociación de palabras de JUNG no provocó nada parecido, sino que proporcionó numerosos datos relativos a los complejos más esenciales y permanentes del enfermo, así, por ejemplo, su profunda aversión hacia su padrastro. La hipnosis proporcionó pocos datos acerca del estado crepuscular en sí pero reveló, sorprendentemente, un pasa­jero delirio epiléptico que había surgido súbitamente durante el estado confusional: al paciente le había parecido que las calles y los postes de los faroles estaban retorcidos, deformados, que las casas presentaban color rojo y las gentes, todas vestidas de negro, demasiado grandes o demasiado pequeñas, le miraban de mi modo extraño. Así, pues, tres métodos se complementaban muy bien en la exploración del inconsciente del enfermo.

RORSCHACH envió además algunas de sus colaboraciones a la revista Schweizer Volkskunde. Se trataba de fórmulas mágicas populares y, so­bre todo, de un caso de «Asesinato por superstición» . Una familia de labradores había sido afectada por una serie de desgracias. Sus veci­nos, un viejo matrimonio, tenían fama de brujos y, con ocasión de un determinado motivo, la vieja «bruja» fue asesinada a tiros por un miem­bro de la familia. 

Estos artículos constituían una nueva actividad accesoria, porque RORSCHACH se ocupaba sobre todo de su obra acerca de las sectas sui­zas. Había comenzado a ordenar su abundante material y un año después de la llegada a Herisau, el 11 y el 12 de noviembre de 1916, presentó a la Sociedad Suiza de Psiquiatría, en Neuchátel, su primera comunicación acerca de dicho tema . Esta referata es de incalculable valor, pues nos informa sobre las principales ideas y el esquema general del libro, cuya publicación anunció por entonces. Nunca perdió de vista este proyecto y más tarde presentó una comunicación sobre aquéllas ante la Sociedad Suiza de Psiquiatría, en Zurich (12 y 13 de octubre de 1918). También disertó acerca de Binggeli y Unternahrer en la So­ciedad Psicoanalítica Suiza. Unas pocas semanas antes de su muerte le hablaba al párroco Oskar PFISTER del mencionado libro, que constaría de unas 400 o 500 páginas. 

En el intervalo dedicó su atención a otros aspectos. Desde hacía años el psicoanálisis constituía uno de los temas principales de su inte­rés. Ya en 1912 y 1913 trataba a algunos pacientes con dicho método durante su estancia en Múnsterlingen. Pero desde entonces se habían producido algunos cambios. El primer grupo psicoanalítico que funcio­nó en Zurich entre 1909 y 1913 no existía ya. FREUD había ampliado con­siderablemente su doctrina, en lugar de la toma de conciencia de las representaciones y conflictos inconscientes, lo que se encontraba ahora en primer plano era la dinámica de la transferencia, e iba a publicar su Metapsicología. El movimiento psicoanalítico se iba extendiendo ­universalmente y, una vez terminada la primera guerra mundial, algunos psicoanalistas helvéticos propusieron la creación de un nuevo grupo suizo. El 10 de febrero de 1919, Oskar PFISTER, Emil OBERHOLZER y la esposa de este último, Mira OBERHOLZER, enviaron una circular al res­pecto a unas cincuenta personas. El 21 de marzo se celebró en Zurich la asamblea constituyente del grupo, en la que participaron los tres fun­dadores y otras ocho personas, entre las que se contaba Hermann RORSCHACH, el cual fue elegido vicepresidente, siendo nombrado presidente Emil OBERHOLZER. La primera reunión oficial tuvo lugar el 24 de mar­zo, con asistencia de varios invitados extranjeros. Es digno de mencio­narse que las primeras sesiones fueron dedicadas principalmente a la psicopatología de la religión. En la tercera sesión habló KIELHOLZ acer­ca de Jakob Boehme; en la cuarta y en la quinta comunicó RORSCHACH el caso Binggeli (11 de julio) y el caso Unternáhrer (19 de septiembre). mientras que MOREL habló en la sexta asamblea sobre «introversión mística». Durante los tres últimos años de su vida desempeñó ­RORSCHACH un importante papel en la Sociedad Suiza de Psicoanálisis y no sólo en su calidad de vicepresidente, sino también por cuatro contribu­ciones científicas, dos de las cuales, como ya hemos dicho, se hallaban referidas a las sectas suizas mientras que las otras dos estaban dedica­das a su Psicodiagnóstico. Lo cierto es que en el grupo psicoanalítico encontró una atmósfera mucho más abierta que en la Sociedad Suiza de Psiquiatría. Sus ideas fueron acogidas con interés y varios de sus co­legas psicoanalistas, como, por ejemplo, OBERHOLZER y ZULLIGER, apren­dieron de él su test. También realizó análisis en un pequeño número de pacientes en Herisau. El mismo no se había hecho analizar, ya que por entonces no era aún obligatorio el análisis didáctico. Cuando algunos de sus colegas le propusieron someterse a análisis, les contestó que no lo estimaba necesario. 

Mientras tanto, los intereses capitales de Rorschach habían experimentado un cambio decisivo. Como ya dijimos, llegó a Herisau con el firme propósito de escribir allí una obra basada en la vasta documentación recopilada acerca de las sectas suizas. Mas de pronto renunció a este propósito y comenzó a trabajar con celo y entusiasmo en su test de las manchas de tinta, en su Psicodiagnóstico. ¿Qué había sucedido? No cabe duda de que el estimulo para ello partió del trabajo de inves­tigación de un joven de Varsovia llamado Szymon HENS, que estudió en Zurich durante los años 1912 a 1917 y trabajó un cierto tiempo en su policlínica médica. Había creado un test de manchas de tinta y había dado a conocer en su tesis doctoral, hacia finales de 1917, los resultados con él obtenidos, con la aprobación del Prof. BLEULER. Natural­mente, este trabajo le recordó a RORSCHACH sus anteriores experimen­tos e hizo que las ideas que desde entonces, más o menos consciente­mente, había mantenido al respecto se hiciesen plenamente claras. 

A partir de este momento se dedicó cada vez más a esta nueva orien­tación de sus investigaciones. En un lapso sumamente breve, y simul­taneándolo con sus funciones como jefe clínico, sus tareas en la Socie­dad Psicoanalítica y su trabajo acerca de las sectas suizas, redactó su Psicodiagnóstico. La elaboración de las láminas; su aplicación a los pa­cientes y a personas normales; la redacción del libro y su difícil publicación en junio de 1921, todo ello lo realizó solamente en algo más de tres años. Pero ya durante y después de la difícil y prolongada publica­ción, las concepciones de RORSCHACH habían asumido otras formas y se hallaba ocupado con las nuevas posibilidades de su test. Poco después de su publicación lo consideraba como superado. Su última comunica­ción a la Sociedad Psicoanalítica, presentada el 18 de febrero de 1922 , ya contenía datos firmes acerca de los progresos realizados en cuanto a la técnica expuesta y a las mejoras con respecto al método de interpretación. Creía haber descubierto nuevos caminos que prometían un éxito pleno. Sin embargo, el destino dispuso de otro modo y seis semanas más tarde sorprendió a sus amigos la noticia de su súbito e insospechado fallecimiento a la edad de treinta y siete años. 

 

1. 8 La muerte (2 de abril de 1922) 

Pocos acontecimientos existen en la biografía de Rorschach que se hallen tan envueltos en un aura de fantasías como las circunstancias que rodearon su muerte. Lo mejor que podemos hacer es compendiar aquí algunos hechos indudables en toda su trágica sencillez. 

El 1 de abril de 1922, Hermann RORSCHACH ingresó en un estado amenazadoramente grave en el hospital de Herisau. Desde hacía una semana venía padeciendo de dolores en el bajo vientre, mas a pesar de las recomendaciones de diversos médicos no había sido ingresado en el hospital para su tratamiento. El médico jefe, Dr. LOOSER, diagnosticó una grave peritonitis difusa acompañada de ictericia. Una laparotomía exploradora demostró que el estado era ya inoperable. Como única me­dida quirúrgica se dejó un drenaje de goma en la incisión operatoria y otra incisión paralela fue drenada con gasa. Tras la intervención se practicaron infusiones intravenosas. El paciente falleció a las diez de la mañana del 2 de abril de 1922. En la autopsia realizada al día siguiente no pudo comprobarse con seguridad si la causa del fallecimiento había sido una inflamación aguda o bien una perforación del ciego. 

Hermann RORSCHACH fue enterrado el día 5 de abril en el cementerio  de Nordheim, en Zurich. Pronunció el discurso fúnebre su viejo ami­go el párroco y psicoanalista Oskar PFISTER, que habló a los presentes de la actitud estoica de RORSCHACH y de sus cristianas palabras pro­nunciadas antes de la muerte. El Prof. Eugen  BLEULER habló de su falle­cimiento como de una trágica e irreparable pérdida, no sólo para su familia, sus amigos y colegas, sino asimismo para la ciencia, y lamenté el hecho de que ninguno de ellos sería capaz de proseguir y completar la obra del genial investigador. Su tumba lleva la inscripción siguiente:

 

Hermann Rorschach

Dr. Med.

1884 - 1922

Psiquiatra.

 

 

1.9 Su Personalidad  

Hermann RORSCHACH fue un hombre alto, delgado, rubio, de movimientos y gestos vivaces y de rasgos expresivos y animados. En el trato con los demás parecía al principio, y con frecuencia, retraído, pero era en realidad amable, alegre y bromista. Su modo de ser, tranquilo y equi­librado, su natural modestia y sencillas maneras, no dejaban translucir fácilmente la multitud de dotes de que gozaba. Sus amistades refieren que podía ser un conversador fascinante, siempre que se tratase de un tema que le interesara. Poseía una aptitud especial para poner en rela­ción entre sí los más diversos sectores del saber.

No cabe duda de que en el fondo se trataba de una personalidad de artista. Mediante constantes esfuerzos había logrado desarrollar su ta­lento gráfico de un modo completo y aún existen gran número de los dibujos por él realizados, sobresaliendo sus álbumes, lo cual posibilita apreciar las dotes que poseía. No satisfecho con la mera impresión aspi­raba siempre a una semejanza lo más aproximada posible a la naturaleza raleza. Estaba especialmente dotado para reproducir los movimientos actitudes y rostros humanos y poseía una asombrosa capacidad para realizar esbozos de sí mismo en diversas posturas, en los que se repre­sentaba visto por otros y también a distancia. No acertaba con tanta perfección, en cambio, al reproducir animales y paisajes, como demues­tra, por ejemplo la falta de perspectiva y sombreado en su dibujo de la basílica de San Basilio, en Moscú. No pintaba, pero a veces coloreaba. Estaba más dotado para la representación de formas que para el USO de los colores. Por otra parte, la Sra. RoRscHAcH me ha informado que su color predilecto era el azul, y en su Psicodiagnóstico menciona en varias ocasiones que es el color predilecto de aquellas personas que aspiran al autodominio.

Aparte de que desarrollaba una actividad como artista creador, RORSCHACH era también notable critico de arte. Algunas de sus observacio­nes sobre el pintor suizo Ferdinand Hodler, así como acerca de otros, son de sumo interés. Dedicaba gran atención a las creaciones artísticas de psicóticos. Konrad GEHRING me refirió que RORSCHACH distribuía papel, colores y barro de modelar a sus pacientes de Múnsterlingen y estudiaba luego sus obras. El Dr. MORCENTHALER, a su vez, me ha referido que Rorschach demostró el más vivo interés cuando aquél animaba a dibujar a los pacientes de Waldau y que multitud de las creaciones artísticas de esquizofrénicos que se conservan en el museo de dicha clí­nica psiquiátrica se deben a sus incesantes esfuerzos para animar a los enfermos a la producción artística. El Dr. Walter von Wyss, de Zurich, uno de sus mejores amigos, me decía que RORSCHACH era muy aficio­nado a visitar exposiciones de pintura durante su época de estudiante y que siempre le interesaba observar cómo reaccionaban ante los cua­dros las diversas personalidades.

En contraposición con las artes plásticas, la música no desempeñaba ningún destacado papel en su vida, aun cuando había aprendido a tocar el violín. Le gustaban sobre todo las canciones populares y la música romántica.

Siempre se interesó, no obstante, en alto grado por el teatro. Cuando trabajaba como médico asistente en Miinsterlingen disfrutaba organizando frecuentes representaciones teatrales para los pacientes, en las que éstos hacían de intérpretes. y se interesó sobre todo por la escenografía y la dirección artística. No escribió obras teatrales ni  desempeñaba papeles en las mencionadas representaciones, aun cuándo en alguna ocasión recitó, caracterizándose para ello del modo adecuado. Le gustaba disfrazarse, y existen aún varias fotografías que lo atestigüan. Prefería las comedias a las tragedias o los dramas.

Las dotes de RoRscHAcH para los idiomas no desmerecían de sus aptitudes artísticas. Aparte del alemán y del dialecto suizo-alemán de Schaffhausen, hablaba correctamente francés, y poseía excelentes cono­cimientos del italiano. Durante sus estudios médicos había aprendido el ruso y ya después de su primera estancia en Rusia lo hablaba correcta­mente y con excelente pronunciación, si bien algo lentamente. Empleaba este idioma con su mujer y leían juntos un gran número de autores en su versión original. Sentía una profunda admiración por los clásicos :

PUSCHKIN, TOLSTOI y sobre todo DOSTOYEWSKI. En cierta ocasión tradujo al alemán una novela de Leónidas ANDREIEW para un periódico.  Acostumbra a mostrar orgullosamente a sus amigos un autógrafo de TOLS­TOI que le habla regalado un amigo del famoso escritor. No cabe duda de que RORSCHACH no era solamente un gran admirador de Rusia, sino también uno de los pocos europeos occidentales que comprendían autén­ticamente su cultura.

Su interés por la Historia Natural, que había sido muy grande du­rante la época escolar, disminuyó más adelante. Hemos de señalar, sin embargo, una excepción. Durante su estancia en Múnsterlingen logró hacerse con un mono, al que mantuvo durante varios meses en la clínica y cuyos movimientos y muecas le divertían mucho. El Dr. Engen MINKOWSKI refiere que RORSCHACHI mostraba con frecuencia dicho animal a esquizofrénicos y estudiaba así las reacciones de éstos, pero tales ob­servaciones no fueron seguidas de una valoración sistemática de las mismas

En el transcurso de su vida parece haber dedicando atención creciente hacia las diversas ramas de la etnología. Algunas citas y alu­siones de sus primeros escritos indican su interés por asuntos relacio­nados con el folklore y más adelante reunió un copioso material relativo a costumbres y supersticiones populares. Su interés etnológico se fue concentrando cada vez más en lo relativo a sectas. En el transcurso de los años dedicó gran atención a las diversas manifestaciones de lo reli­gioso y, sobre todo, de la Gnosis. Gracias a su extraordinaria capacidad para sintetizar y armonizar mutuamente sus diversos conocimientos, al­bergaba el proyecto de un magno enlace entre historia de la religión, sociología y psicopatología.

Si bien no poseía especiales aptitudes para trabajos prácticos;  aprendió el oficio de carpintero, dadas las facilidades que para ello le ofrecía Herisau. En sus días libres pasaba con frecuencia algunas horas en la carpintería, donde construía camitas u otros juguctes de madera para sus ninos o bien marcos para fotografías y dibujos, y en cierta ocasión un cofrecillo muy bellamente decorado al estilo ruso para su mujer. Su deporte favorito consistía en el excursionismo y en Múnsterlingen remaba y nadaba con frecuencia. Otra de sus aficiones era la fotografía.

Por lo que se refiere a sus hábitos de trabajo, su rasgo más característico era la rapidez, sin que a pesar de ello diese la impresión de tener prisa. Tras una breve e intensiva ocupación con una cosa, acostumbraba encauzar su actividad hacia otra. A causa de este rasgo sumamente indi­vidual se diferenciaba mucho del típico modo suizo de trabajar, que se caracteriza por una cuidadosa, intensiva y prolongada concentración sobre un tema. Otra notable diferencia estribaba en la manera de ocu­par sus ratos de ocio. El suizo alemán, por lo general, no tiene hobbies (que incluso considera frecuentemente como algo poco serio), sino que tiende a proseguir su trabajo habitual en su tiempo libre y en los días festivos. RORSCHACH, en cambio, se apartaba en tales ocasiones de los problemas científicos que le ocupaban de momento y prefería pasar las veladas en su casa leyendo o dibujando. En tales ocios tan sólo muy rara vez mencionaba los temas científicos o profesionales, trazando así una neta línea de separación entre vida profesional y privada. Aun cuan­do no era un montañero, pasaba sus vacaciones, por lo general, en los montes del Ticino o del norte de Italia. No leía jamás durante sus va­caciones, ni siquiera el periódico, sino que se limitaba a preguntar a su, mujer acerca de las últimas novedades. Pocas personas deben de haber comprendido cuánto dependían sus realizaciones creadoras de estos apa­rentes ocios. Jamás habría podido imaginar su test si no hubiese poseído dotes de creación artística. Sus concepciones psicológicas fundamenta­les, de las que su prueba representa sólo una parte, se basaban sobre la grandiosa visión que le permitía su multilateral y elevada cultura.

Su innato retraimiento, que a veces era tomado por susceptibilidad, desaparecía rápidamente cuando se establecía con él un contacto más intimo, en esto eran de la misma opinión tanto sus amigos como los pacientes y el personal auxiliar. No otorgaba importancia a las diferencias sociales. Tenía un amplio círculo de conocidos, pero sólo unos pocos amigos íntimos.

Uno de !os rasgos principales de su modo de ser parece haber sido la pietas en el sentido original del término, una actitud sencilla, natu­ral, desprovista de formalismos o de exageradas confianzas con respecto a aquellas personas con las que estaba vinculado: padres, hermanos y hermanas, la esposa, los hijos y el amplio círculo de sus relaciones sociales,. Su hermanastra la Sra. Móckli, me refería que constituía una auténtica fiesta cada llegada de Hermann a Schaffhausen durante su época de estudiante y cuán cariñoso era con sus hermanos menores. «Ya que apenas he podido conocer a mi padre, él representaba para mi al padre, al hermano, a! amigo y al consejero en una sola persona.» No se cansaba de dibujar para sus hijos, de coleccionar sus anécdotas y de hacerles animales de madera. Su pietas se extendía asimismo a sus ante­pasados. En la casa de la Säntisstrasse, en Schaffhausen, existe aún un retrato del abuelo Wiedenkeller y un cuadro que representa la casa de los Wiedenkeller en Arbon, realizados ambos por RORSCHACH. A su hermano Paul le hizo un regalo de bodas consistente en un árbol genea­lógico de la familia Rorschach, maravillosamente dibujado en colores, que representaba el resultado de sus investigaciones en Arbon. Incluso realizaba dibujos llenos de fantasía acerca de pormenores de la vida de sus antepasados. Con excepción de los acontecimientos mundiales de tipo general y de la revolución rusa, no le interesó nunca en especial la política. Escribió algunos ar­tículos acerca del problema del comunismo para los periódicos de Herisau. 

En contraposición con sus numerosas aptitudes para otras cosas, era marcadamente inhábil en asuntos financieros y en lo que se refiere a la lucha profesional, careciendo de sentido de autoafirmación y de un cier­to y sano egoísmo. Ignoraba por completo el arte de transformar el saber en moneda contante y sonante, lo cual dio Jugar a que más de una vez fuese muy insuficientemente retribuido por su trabajo. Tan sólo ganó en vida 25 francos suizos con su test.

A pesar de estas flaquezas parece haber sido plenamente consciente de su propia valía y de la importancia de sus ideas, aunque rara vez hablaba acerca de éstas, únicamente cuando estaba seguro de que iba a ser escuchado con auténtico interés y con verdadera atención. Podemos suponer que sentía un profundo respeto ante los enigmas del Uni­verso, de la vida y del hombre. En este sentido era una persona reli­giosa, aun cuando parece haber otorgado poca atención a la religión convencional y a sus prácticas. Como ciertos filósofos del Romanticismo alemán, imaginaba una corriente espiritual fluyendo a través de las cen­turias y expresándose de modo múltiple en la vida de los pueblos y de los individuos humanos. Le preocupaba la idea de hallar una clave para descifrar y comprender todas estas múltiples formas de manifestación, que, en su opinión, sería necesario encontrar en el ámbito de la fantasía creadora. Hacia finales de su vida creyó haber hallado la solución definitiva a tales problemas. La expuso, si bien de forma muy incompleta y poco clara, en su obra más importante: el Psicodiagnóstico.